Continúan prospecciones arqueológicas en la Casa Amarilla.
La arqueóloga y arquitecta Virginia Vivas recuerda que la cala exploratoria puede definirse como una técnica de investigación que se aplica sobre los muros de una edificación, a través de la cual “puede determinarse estratigráficamente o mediante una exploración por capas, desde las especificaciones de la pintura y de los frisos presentes en el edifico, hasta información sobre intervenciones anteriores, técnicas y fases constructivas”.
Las calas exploratorias han sido practicadas en los salones identificados con los números 9, 10 y 11 del ala oeste de la planta baja de la casa, así como en la Oficina de Inmunidades y Privilegios.
Vivas explica que, gracias a la utilización de esta técnica, se ha logrado obtener dos tipos de información de enorme interés para el equipo de restauración de la Casa Amarilla: “Por una parte, contemplamos referencias sobre la evolución de las fases constructivas correspondientes a cada etapa histórica del inmueble; y por otra, observamos las particularidades y características de intervenciones previas, hechas en el edificio, propias de los procesos de modernización de las estructuras para su uso contemporáneo”.
Con respecto a las técnicas constructivas de la edificación, se ha verificado que el muro perimetral, lindero de la antigua Cárcel Real de Caracas, es una estructura muy resistente de mampostería de ladrillo y piedra.
La resistencia del muro tiene una razón de ser, es decir, existe un motivo por el cual se escogió esta técnica constructiva para levantar las paredes de la antigua prisión en lugar de otra que implicara materiales menos duros, como la del tapial. Y tales razones se derivan de los usos.
En este caso, la utilización del edificio como cárcel hizo necesaria la utilización de materiales fuertes para evitar posibles fugas, como efectivamente ocurrió en 1745, según expone Carlos Maldonado Bourgoin en su obra La Casa Amarilla: Enclave histórico de Venezuela.
En este año, 27 presos de la Cárcel Real lograron escapar excavando un agujero en la pared de tapia en menos de una hora, por lo que se solicitó una evaluación de las estructuras de la prisión. Este estudio evidenció la presencia de materiales constructivos débiles, y también sugirió el levantamiento de nuevos muros con insumos más resistentes.
Lo que no se ve…
El segundo tipo de información que puede obtenerse a partir de la realización de calas exploratorias en los muros, relacionada con intervenciones previas, tiene que ver con el descubrimiento de daños ocultos en el edificio, tal como explica la arquitecta restauradora Milagros Ochea:
“Nos dimos cuenta que ciertas estructuras, como los zócalos de madera, estaban totalmente deteriorados por acción de la humedad, porque el nivel freático que hallamos en estos salones de la casa es bastante alto”.
El zócalo es el cuerpo inferior de una edificación, que sirve para elevar los basamentos a un mismo nivel, según la Real Academia Española.

Además, siempre parte del suelo hacia arriba, tiene longitudes variables, puede confeccionarse con distintos materiales constructivos y también posee una función ornamental, explica Ochea.
Por otra parte, el nivel freático se refiere, según expone la restauradora, a la cantidad de humedad presente en el subsuelo de una determinada área geográfica: “Los salones 9, 10 y 11 de la planta baja de la casa son muy húmedos si se tiene en cuenta el paso libre del agua que aun se verifica en los acueductos encontrados por el equipo de arqueología”.
Otro de los daños invisibles antes de practicar las calas exploratorias en los muros es producto de la colocación inadecuada de instalaciones eléctricas.
Milagros Ochea comenta al respecto:
“Sin la ayuda de las calas exploratorias no hubiese sido posible verificar que algunos elementos, como cables y tomas de corriente, fueron embutidos en las paredes de forma destructiva durante alguna intervención previa, utilizando materiales de construcción incompatibles con los empleados en la edificación de los muros”.
Uno de tales materiales constructivos inadecuados, según explica Ochea, es el cemento:
“El cemento no permite ningún tipo de transpiración, ni puede adherirse correctamente a estructuras de ladrillo como las presentes en los salones estudiados, que responden a un sistema constructivo tradicional. Con el tiempo, los materiales ceden y los frisos se deterioran, sin contar otros daños como la aparición de manchas de óxido producto de la colocación de tuberías sin recubrimiento alguno, teniendo en cuenta el alto nivel de humedad que posee esta zona de la casa”.
Un procedimiento útil
Milagros Ochea afirma que la práctica sistemática de calas exploratorias en los muros permite actualizar y complementar los diagnósticos de deterioro ya realizados por el equipo de restauración.
Además, la aplicación de esta técnica de investigación ofrece datos útiles que pueden servir como base para generar lineamientos y diseñar estrategias de intervención acordes con las particularidades arquitectónicas del inmueble, metas fundamentales del equipo de restauración de la Casa Amarilla.
Entre estas metas, se encuentra escoger un material constructivo más coherente con la edificación para la recuperación de los pisos, teniendo en cuenta el alto nivel freático de los mismos, así como diseñar lineamientos que permitan acometer acciones de adecuación no destructivas de los distintos espacios de la casa para su utilización como centro de actividades laborales y protocolares.
Ochea explica que los salones 9, 10 y 11 de la planta baja, en proceso de estudio en los actuales momentos, tenían pisos de baldosas de cemento hidráulico desde 1930 posteriormente alfombrados, procedimiento no recomendable en zonas con alto nivel de humedad.
Según afirma la restauradora, se están evaluando la idoneidad de algunos materiales para restaurar los pisos, como el granito y el mármol.
Con respecto a las futuras acciones para la adecuación de los espacios, Ochea expone: “Debemos diseñar una estrategia para colocar las instalaciones eléctricas sin dañar el edificio. Estamos estudiando algunas opciones, como colocar un zócalo hueco para contener los cables, y así evitar romper las paredes”.
Sin embargo, escoger determinados materiales constructivos o procedimientos para acometer las tareas de intervención restaurativa de un edificio como la Casa Amarilla no es una tarea fácil.
Tanto Ochea como Vivas afirman que el planeamiento de futuras adecuaciones que necesite el inmueble, relacionadas con su funcionamiento como sede de la Cancillería, debe integrar la importancia histórica de la edificación y los requerimientos de uso propios del siglo XXI en una combinación armónica, garantizando así su conservación para disfrute de las próximas generaciones |